martes 15 de noviembre de 2011

Los zombies invaden Tucumán.



Luego de cinco horas seguidas al frente del monitor en mi esritorio, mis ojos ardían. Sin embargo, me resistía a ponerme las lágrimas estériles (sí, ahora se fabrican hasta las lágrimas) De fondo, desde la calle se escuchaba un alboroto. Acostumbrado a escuchar diarias protestas en el microcentro tucumano, no le dí mayor importancia. Todo lo que quería era terminar de redactar el dichoso e-mail que me pidió mi jefe para hace dos años.

Mi jefe tiene un sentido de la urgencia que roza lo dramático, es un ser salido de un musical de Broadway cruzado con Jurado de Bailando por un sueño.

Y como sentía su febril mirada (modo Gardel on) sobre mi nuca, todos mis sentidos estaban abocados a cerrar el puto correo.

La cortina musical de los gritos en la calle se incrementó de repente cuando Carlitos, el cadete de la oficina entró corriendo y gritó "¡Los muertos andan en la calle y están mordiendo a la gente!"

Mi jefe le respondió con otro grito: "¡Cerrá la puerta! ¿Dejaste la nota en Rentas?"

Carlitos: "¡No ni loco, no me han dejao llegar los zombies!"

Jefe: "No sé chango cómo vas a hacer, pero ya dejás ese sobre porque hoy se vence el plazo para contestar el requerimiento."

Carlitos dudaba si salir o no. La escena había conseguido sacarme de mi monitor. Busqué mis lágrimas estériles infructuosamente.

Fer: "¿Alguien vió mis gotitas?"

Jefe: "¿Ya enviaste ese mail?"

Fer: "En eso estoy Jefe, en eso estoy"

Jefe: "Bueno, metele, y vos Carlitos, andá de una puta vez por favor, siempre tenés excusas para no salir, que hace calor, que llueve, que te operaron, ahora los zombies, parece que estás buscando que te corra vos."

Carlitos tomó coraje y salió corriendo. Detrás de eso, mi buen jefe cerró con llave. Por la ventana vimos como el hombrecito que vendía praliné, convertido en zombie, la daba caza y lo masticaba con desesperación. A él se sumaron la promotora zombie y un par de ambulantes más.

Jefe: "¡Este boludo no es capaz de hacer nada bien!"

Finalmente encontré mis gotitas y le envié un mensajito a mi mujer: "Parece que está jodido afuera, caminan los tomuer".

Mientras parpadeaba a lo loco después de chorrearme los ojos, me acerqué a la ventana y pegué la ñata contra el vidrio. De repente, un ser se tiró contra la ventana y me dió el julepe del siglo:

-"¡Eeeehhh dame una monedaaaa!" - me rogó.

Era el loco moneda. No llegó a empezar a llorar que se tiraron sobre él dos inspectores de tránsito zombies y se lo morfaron en cuestión de segundos. A su lado, rodaron decenas de monedas de variado valor.

No terminé de recuperarme cuando sentí que tocaban el timbre con desesperación.

Me asomé por la ventana y ví que Carlitos, ensangrentado por completo quería entrar.

Fer: "Es Carlitos Jefe, ni en pedo lo dejamos entrar."

Jefe: "¿Dejaste la nota?"

Carlitos: "¡Sí jefe, llegué!"

Fer: "Jefe, le parece sensato dejarlo entrar?"

Jefe: "¿Ya enviaste el mail?"

Fer: "En eso estoy, ya lo termino" Me fui a mi escritorio y ví entrar a Carlitos con la nota en la mano, con un acuse de recibo manchado con sangre. Carlitos tenía evidentes mordiscones en todo su cuerpo. Digamos que su ropa se había reducido a algunos trapos.

Jefe: "Tarado, manchaste el acuse de recibo, no se lee bien qué día lo dejaste, no sos capaz de hacer nada bien vos"

Fer: "Jefe, disculpe que interrumpa si? Pero en las películas de zombies la gente se transforma después de ser mordida, y creo que Carlitos va por ese rumbo."

Jefe: "Terminá de escribir ese puto mail, toda la mañana estuviste con eso"

Fer: "Si señor" A estas alturas rogaba ser un zombie para masticar a mi jefe.

En ese instante Carlitos cayó al piso desvanecido.

También en ese instante vibró mi celular. Era mi jermu: "Jodida la cosa che, los locos estos se comen a todo el mundo. Le encargué alimento para los perros a la flaca."

Jefe: "Fijate que le pasa a este ahora"

Fer: "Jefe, se está transformando en zombie, eso pasa."

Jefe: "Acá nadie quiere laburar"

De repente lo que supo ser Carlitos se levantó, corrió hacia mi jefe, mientras mi jefe corría espantando hacia mí, y yo corrí alejándome de ellos.

Agarré el matafuegos vencido hace tres años y se lo reventé en la cabeza a Carlitos.

Por las dudas le dí dos matafuegazos más.

Jefe: "Gracias Fer, ¿ya enviaste el mail?"

Fer: "¡La puta madre que lo parió, no cree que hay problemas más grandes que ese dichoso mail?"

Jefe: "¿Vos también querés perder el laburo?"

Fer: "Le juro que perder el laburo no es mi mayor preocupación ahora, veamos en Internet qué noticias hay"

Me conecté y busqué qué decían en el noticieron de canal 10. Marcelo Caferro exultante, declaraba lo siguiente:

-"¡Otra buena noticia en Tucumán! Debido a que hay pleno empleo en nuestra provincia, el gobernador José Alperovich decidió que los muertos también son bienvenidos para ocupar los múltiples puestos de trabajo creados durante su gestión."

Fer: "Estos forros son forros a tiempo completo".

La página de Contexto reflejaba en sus titulares: "LOS ZOMBIES INVADEN TUCUMAN. EL GOBERNADOR UTILIZA A LAS FUERZAS PUBLICAS PARA PROTEGER A LOS SUYOS Y ABANDONA A LA BUENA DE DIOS A LA POBLACION".

Sin éxito, me cansé de buscar información fidedigna y decidimos apagar las luces.

Mi jermu envió un nuevo mensaje desde la clandestinidad: "Dice la flaca que no da salir para hacer reparto. ¿Podés pasar vos?"

De repente, un mensaje de último momento en la página de La Gaceta decía lo siguiente: "IMPORTANTE. SE RECOMIENDA A LA POBLACION TUCUMANA HUIR HACIA SANTIAGO DEL ESTERO. SE INFORMA QUE LOS ZOMBIES SE MANTIENEN INACTIVOS DURANTE LA SIESTA."

Le arrebaté las llaves de la 4x4 a mi jefe y me lo llevé hacia la cochera. Subimos en tiempo récord.

Jefe: "¿Sabés manejar?"

Fer: "No"

Jefe: "Entonces qué hacés en el asiento del conductor"

Fer: "Cuando tiene razón, tiene razón"

Intercambiamos de lugar y mi jefe pisó el acelerador. Atravesamos la diagonal a Tafí Viejo pisando cadáveres caminantes como si de un video juego se tratase. El Barrio Lomas de Tafí era tierra de nadie. Bueno, en realidad ya lo era antes.

Levantamos a mi esposa y nos dirigimos hacia la próxima estación de servicios.

El playero nos informó que lamentablemente sólo podía cargarnos $ 100 de nafta común, nada más.

Jefe: "Cristina y la puta madre que la parió."

Cargamos el tanque y nos fuimos camino a la tierra elegida: Santiago del Estero.

Después de mucho zombie pisado, mucha estación de servicio, llegamos a El Bobadal.

Allí, la vida de estos tres tucumanos empezaría de nuevo.

Al menos desde las 14 hasta las 17 podíamos simular una vida normal.

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